Bueno. Ha llegado el gran momento. Si nada anormal ocurre, el día 30 será el último día de trabajo en mi actual empresa. No es la primera vez que salgo de algún sitio antes de lo previsto y, conociéndome, no es algo que me sorprenda. Al menos esta vez, al contrario que en mi anterior trabajo, no pienso irme en silencio para después arrepentirme. En las diferentes reuniones y entrevistas de despedida he dejado claro, con mayor o menor fortuna, que el trabajo que desarrollo actualmente es incompatible con mi sistema de valores.
Ya en una entrada anterior, me desahogué criticando a los vendedores de humo, a esos farsantes expertos en la creación de empresas que se sostienen sobre una finísima capa de suerte y malas artes. No quiero profundizar más en el tema. Quizás más adelante, porque ahora mismo lo encuentro hasta doloroso. Pensar que, en un país como el nuestro, solo prosperan aquellos que saben vivir en los agujeros del vacío legal, es algo que siempre me entristece.
Hablemos de algo alegre. Me quedo en la calle. No es tan malo como parece. Hemos echado cuentas y podremos soportarlo. Tengo una serie de proyectos aparcados por falta de tiempo, a los que me voy a dedicar de forma exclusiva durante un año. Si todo sale mal -esperemos que no- y ninguno de estos proyectos llega a cuajar, ¿qué me va a pasar? Pues que me encontraré en la misma situación que ahora, solo que con un año más. ¿Es eso malo? Yo pienso que no. Y mucho trabajo me ha costado llegar a creer esto. Lo juro.
Uno de estos proyectos tiene que ver con el desarrollo de un Plan de Comunicación para una empresa. Aprovechando que tengo que entregar un proyecto de este tipo para terminar mi Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías, un amigo y yo hemos decidido ir un poco más allá de un simple plan, y tratar de crear algo vendible. No puedo contar nada ahora mismo, por temas de confidencialidad, pero no nos está quedando muy mal.
Por otro lado, todos los que me conocen saben que mi sueño siempre ha sido ser escritor. Hasta ahora, he escrito de forma esporádica algunos relatos y poemas, que casi siempre pasan sin pena ni gloria por los concursos. ¿Cuál ha sido mi excusa para no escribir más? La falta de tiempo. Como padre de mellizos, y trabajador por cuenta ajena, no suelo disponer de mucho tiempo libre. Y, cuando lo tengo, acostumbro a estar muy cansado. Este año voy a disponer de una oportunidad de oro para imponerme una disciplina seria, escribir de forma constante, y presentarme a un gran número de concursos. Que la inspiración me pille trabajando.
Aún hay más. Tengo aparcado desde hace tiempo un proyecto para montar una editorial. El género a trabajar sería el de cómic y relato corto con temática social. La idea surgió a raíz de leer los geniales Arrugas, de Paco Roca, y María y yo, de Gallardo. No puedo contar mucho más, evidentemente, tan solo que es una idea que llevo madurando desde hace un año, y que he estado contrastando con gente de diversas ramas profesionales. Ahora mismo, con la venida del e-book y los nuevos métodos de distribución, nos encontramos en un profundo proceso de cambio en el modelo editorial, y es un buen momento para el diseño de nuevas alternativas y formas de expresión en dicho campo.
No podría haber tomado esta decisión sin el apoyo de mi familia. Conocen mis intenciones, y me apoyan fielmente. Y, desde aquí, les doy las gracias por ello. No se que será de mi dentro de un año pero, al menos, quiero tener la satisfacción de haberlo intentado. Voy a intentar, desde este blog, y como ejercicio de disciplina, iros informando de todos mis pasos. Si nada sale bien, al menos servirá como una guía de todo aquello que se debe evitar.
Mostrando entradas con la etiqueta Escritura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escritura. Mostrar todas las entradas
lunes, septiembre 13, 2010
jueves, julio 01, 2010
Tengamos la fiesta en paz
Latidos y más latidos. El tambor ensordecedor golpea sus sienes mientras corre, marcándole el ritmo. No debe pararse. No ahora. Los soldados están cerca. Le han visto, y ahora intentan acorralarlo. Mientras, en el cielo, las bombas de racimo dibujan una aurora del color de los gritos en la noche. De vez en cuando una explosión cercana, un chasquido, un trueno, se abre camino a empujones entre los escombros, y lo tira al suelo. Entonces, solo entonces, encuentra tiempo para respirar, para estudiar sus nuevos pasos. Un acento extranjero le increpa a sus espaldas. No deben cogerle. No puede entregarles aquello que arde en su pecho: su corazón de metal, su más valiosa pertenencia. Sale de su escondite. Y corre.
Error. No contaba con tantos soldados. Tiene uno justo enfrente, aunque solo alcanza a ver el negro de su interior a través del cañón de su rifle de asalto. Quiere que se tire al suelo. Quiere quitarle su tesoro. No. No lo puede consentir. Se burla del azar, salta hacia un lado. No siente ningún dolor. Pero ha oído un disparo. Sigue corriendo. No quiere quedarse a ver si la bala le ha dado o no.
Al fin, cansado y dolorido, llega a casa. Todos están allí. Algunos cantan, otros comen. Ninguno deja de vigilar. Los más pequeños juegan con unos trapos viejos que recuerdan de lejos a un balón. Su madre, luna de esta noche estrellada, rodea a su hermano con sus brazos. Espera que le guste el regalo que le trae. Su pequeño corazón de metal, esa lata rodeada de símbolos extraños, repleta de las frutas más extrañas que jamás hayan visto sus jóvenes ojos. El suave frescor empaña los labios de su hermano, y ayuda a mitigar su sed. Feliz Cumpleaños.
Error. No contaba con tantos soldados. Tiene uno justo enfrente, aunque solo alcanza a ver el negro de su interior a través del cañón de su rifle de asalto. Quiere que se tire al suelo. Quiere quitarle su tesoro. No. No lo puede consentir. Se burla del azar, salta hacia un lado. No siente ningún dolor. Pero ha oído un disparo. Sigue corriendo. No quiere quedarse a ver si la bala le ha dado o no.
Al fin, cansado y dolorido, llega a casa. Todos están allí. Algunos cantan, otros comen. Ninguno deja de vigilar. Los más pequeños juegan con unos trapos viejos que recuerdan de lejos a un balón. Su madre, luna de esta noche estrellada, rodea a su hermano con sus brazos. Espera que le guste el regalo que le trae. Su pequeño corazón de metal, esa lata rodeada de símbolos extraños, repleta de las frutas más extrañas que jamás hayan visto sus jóvenes ojos. El suave frescor empaña los labios de su hermano, y ayuda a mitigar su sed. Feliz Cumpleaños.
miércoles, junio 23, 2010
Motivaciones - La enamoradiza
El amor no es ciego. Es idiota. A veces acierta -solo a veces- y crea nueva vida donde antes no
había más que rumbos divergentes. Pero no siempre es así. En el caso de M. no fue así. Ahí donde la veis, tuvo la oportunidad de destacar, de llegar como cabeza de carrera a un lugar tradicionalmente reservado para hombres. Sus padres dedicaron toda su vida a la honrosa tarea de manufacturar la primera licenciada de la familia. Iba para profesora. Destacaba en todo lo que emprendía. Pero entonces conoció a L.
Era tan guapo. Parecía un galán en blanco y negro, un traje brillante de celuloide. Tenía el pelo negro, un rostro de una sola dimensión, y un aire vacío, como su interior. Su sola presencia bastó para iniciar una terrible batalla entre el temblor de sus muslos y el frío aliento del sentido común. Su madre la golpeó una y otra vez con zapatillas de rencor y dolor, de conocimientos viejos y probados, pero M. acertó, aún cegada como estaba, a esquivar el envite y lanzó un órdago a todo su pasado.
Hoy, desde la distancia que otorgan sus años, desde la lejanía de las camas separadas, recuerda a su madre con angustia. Revive, por momentos, aquella paliza y comprueba con sus tres hijos como el ciclo se repite una y otra vez. La belleza no es más que un paréntesis en el tiempo, no tiene pasado ni futuro. No tiene sentido, se dice a sí misma, amarrar a tan efímero puerto las ilusiones y esperanzas de una vida por hacer. Ahora, por fin, lo entiende. Pero ya es tarde.
(Fotografía de European Parliament)
había más que rumbos divergentes. Pero no siempre es así. En el caso de M. no fue así. Ahí donde la veis, tuvo la oportunidad de destacar, de llegar como cabeza de carrera a un lugar tradicionalmente reservado para hombres. Sus padres dedicaron toda su vida a la honrosa tarea de manufacturar la primera licenciada de la familia. Iba para profesora. Destacaba en todo lo que emprendía. Pero entonces conoció a L.
Era tan guapo. Parecía un galán en blanco y negro, un traje brillante de celuloide. Tenía el pelo negro, un rostro de una sola dimensión, y un aire vacío, como su interior. Su sola presencia bastó para iniciar una terrible batalla entre el temblor de sus muslos y el frío aliento del sentido común. Su madre la golpeó una y otra vez con zapatillas de rencor y dolor, de conocimientos viejos y probados, pero M. acertó, aún cegada como estaba, a esquivar el envite y lanzó un órdago a todo su pasado.
Hoy, desde la distancia que otorgan sus años, desde la lejanía de las camas separadas, recuerda a su madre con angustia. Revive, por momentos, aquella paliza y comprueba con sus tres hijos como el ciclo se repite una y otra vez. La belleza no es más que un paréntesis en el tiempo, no tiene pasado ni futuro. No tiene sentido, se dice a sí misma, amarrar a tan efímero puerto las ilusiones y esperanzas de una vida por hacer. Ahora, por fin, lo entiende. Pero ya es tarde.
(Fotografía de European Parliament)
viernes, junio 11, 2010
Editorial sobre DirCom
Hace tiempo ya -es lo que tienen los Másters de 500 horas- se nos encargó realizar un pequeño proyecto de Newsletter por equipos. Posteriormente, un jurado formado por profesores y organizadores del Máster, tomó la sorprendente y polémica decisión de dejar la elección del ganador en manos de los propios alumnos.
Nuestro proyecto era de corte marcadamente tradicional, en un formato adecuado para la difusión impresa. Dedicamos bastante esfuerzo a la parte visual, y creo que, en general, todo el equipo hizo un gran trabajo. Aunque no pudo ser, y finalmente perdimos, creo que fue una muy buena experiencia.
Lo que inserto a continuación es el editorial que me tocó escribir, en calidad de coordinador del grupo, para abrir nuestro Newsletter. Espero que os guste.
Nuestro proyecto era de corte marcadamente tradicional, en un formato adecuado para la difusión impresa. Dedicamos bastante esfuerzo a la parte visual, y creo que, en general, todo el equipo hizo un gran trabajo. Aunque no pudo ser, y finalmente perdimos, creo que fue una muy buena experiencia.
Lo que inserto a continuación es el editorial que me tocó escribir, en calidad de coordinador del grupo, para abrir nuestro Newsletter. Espero que os guste.
Esto no es un editorial. No pretende servir de presentación a un newsletter sobre comunicación. Tampoco aspira a lanzar cuestiones al aire, ni sembrar la curiosidad en la mente del lector. No quiere provocar a nadie, forzar un pase de página, o ser atractivo desde un punto de vista estrictamente literario. Simplemente, no puede. Esta secuencia de trazos ordenados, de familiares símbolos, solo puede gozar de las anteriores prerrogativas cuando se instala en la percepción de un ser humano. La comunicación está condenada desde su mismo nacimiento a una existencia en sociedad.
Los procesos de comunicación tradicionales, medidos en un intervalo de tiempo relativamente pequeño, pueden dividirse en dos grandes grupos según el tamaño del grupo receptor. Bien se producen en el contexto de una comunicación entre individuos (uno-a-uno), bien ocurren en el marco de una comunicación grupal (uno-a-muchos). Las nuevas tecnologías, con sus redes sociales, y sus formas de trabajo colaborativas, han acarreado la proliferación de nuevos procesos de comunicación, con un gran número de emisores y receptores de forma simultánea. Esta nueva tipología de comunicación ya está sentando las bases de lo que será nuestra futura forma de trabajar y de vivir.
De necios es negar las grandes ventajas y oportunidades, tanto económicas como sociales, que conllevan estos cambios. Sin embargo, debemos ser prudentes y críticos, no tomar estas innovaciones como dogma de fe, y ser plenamente conscientes de las implicaciones de esta nueva forma de trabajo. No debemos ser inocentes, y olvidar que los nuevos medios de comunicación también tienen sus grupos de control, sus mecanismos de censura y sus peligros. Sobre todo, cuando se encuentran a debate proposiciones de ley que pueden afectar a la neutralidad de la red, tan necesaria para un verdadero cambio social.
Ante este reto -y con un campo de batalla a medio legislar- es más que necesaria la consagración de la figura del Director de Comunicación. La sociedad necesita a un grupo de profesionales formado con garantías. Hasta ahora, la comunicación profesional ha estado muchas veces en manos de personas expertas en comunicación, pero ciegas a los adelantos técnicos, o de auténticos prodigios de las nuevas tecnologías, sin ningún tipo de habilidad comunicativa. La solución es clara. La comunicación debe ser manejada por gente flexible, preparada, adaptada a los nuevos tiempos, y con un gran presupuesto. Ha llegado la hora del DirCom.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

